Para los analistas, no es más que una agonía alargada fruto de unos fundamentos oxidados. Para los accionistas, alcanza el nivel de tortura. Y es que desde que el valor salió a cotizar a Bolsa, allá por 2017, pierde cerca de un 70% de su valor, lo que debe suponer algún tipo de récord en pérdida precoz de valor. Pero las desgracias nunca vienen solas.
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