Si trabajas en seguridad privada, conoces la paradoja: proteges derechos ajenos mientras los tuyos se desvanecen. Una ley, la 5/2014, nos coloca en un limbo donde nuestro derecho a la huelga queda suspendido por un artículo, el 8.6, que nos convierte en esenciales por contagio. No por lo que hacemos, sino por donde estamos. El mensaje es claro: tu protesta es secundaria. Mientras, los sindicatos negocian, apelan y esperan. Y nosotros preguntamos: ¿A qué esperan? La hora de la huelga, de la huelga real y efectiva.
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