No escogió cualquier equipo electrónico, sino uno que por sus características y valor (1.000 euros) tendría más posibilidades de ser vendido en el mercado ilegal. Y por ello intentó sustraer un ordenador portátil de unos grandes almacenes de la capital, pero uno de los vigilantes de seguridad le pilló ‘infraganti‘, por lo que ha sido juzgado y condenado a 11 meses de prisión.
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