Los empleados de Correos han rescatado un problema crónico no atendido al que, según ellos, han dado visibilidad las cartas incendiarias de esta semana. Según denuncian, los agujeros en el protocolo de seguridad son un problema sostenido en el tiempo que ya se extiende demasiado. El hecho de que las cartas con pólvora pasaran todos los controles y únicamente fueran interceptadas al final del ciclo ha dado vida a las críticas de los sindicatos en los últimos meses. «Estamos vendidos», concluyen.
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