El reciente caso difundido desde Alemania —un trabajador despedido por pasar “demasiado tiempo” en el baño, con pausas cronometradas de hasta 48 minutos— ha reabierto un debate tan antiguo como la relación entre capital y trabajo: ¿hasta dónde puede llegar el control empresarial sobre el cuerpo del trabajador? ¿Qué límites marca la ley cuando una necesidad fisiológica es tratada como un acto de indisciplina?
Ver noticia completa: elcomun.es


