La reciente comparativa entre el borrador del Reglamento de Seguridad Privada y el del Reglamento de la Policía Portuaria deja en evidencia un hecho preocupante: mientras la seguridad privada recibe un marco normativo detallado, con reconocimiento, medios y derechos claramente definidos, la Policía Portuaria se ve relegada a un papel secundario, con escasas páginas dedicadas a su regulación y sin un reconocimiento proporcional a la importancia de sus funciones en el entramado portuario español.
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