Durante años, en muchas empresas, especialmente en pymes, se instauró una práctica aparentemente sencilla para combatir el absentismo: crear pluses de asistencia, puntualidad o presencia efectiva que sólo se cobraban si el trabajador acudía todos los días a su puesto. Sobre el papel, la fórmula parecía lógica. En la práctica, suponía una penalización económica encubierta para quien enfermaba o ejercía un permiso legal.
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