Turistas cruceristas y navieras cargadas de armas son bien acogidas en el Puerto de Bilbao. Paralelamente, menores migrantes u otras víctimas del tráfico de personas, reciben el nombre de “intrusos”. Para evitar esa “intrusión”, hace un par de años se ordenó construir un muro para repeler las entradas al ferry que les lleve a Inglaterra: 520 metros de longitud y 4 metros de altura, con una verja metálica, que tuvo un coste de 300.000 euros. Ocurrió durante la época en que Asier Atutxa, exdirigente del PNV y ahora socio comercial de PwC en Bilbao, estaba al frente de la Autoridad Portuaria de Bilbao.
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