El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha vuelto a poner límites a una práctica cada vez más habitual en muchos sectores precarizados: utilizar el despido disciplinario como herramienta de castigo ejemplarizante frente a conductas que, aun pudiendo constituir incumplimientos laborales, no alcanzan la gravedad suficiente para justificar la pérdida del empleo. La reciente sentencia que confirma la improcedencia del despido de un repartidor de Burger King sancionado por no llevar completa la uniformidad obligatoria supone un importante recordatorio de que el poder disciplinario empresarial no es absoluto y debe ejercerse conforme a criterios de proporcionalidad, razonabilidad y respeto a los derechos laborales reconocidos en el ordenamiento jurídico.
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