Francisco Javier Ortega, vigilante de Prosegur, se encontraba esa tarde del 8 de agosto en la sala de seguridad de la Mezquita-Catedral cuando de repente salta una alarma de incendio en este monumento Patrimonio de la Humanidad. En apenas 20 o 30 segundos llegó a la capilla que servía de almacén junto a su compañero Rafael parapetados con dos extintores.
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