“¡Yo a la calle no me voy! ¡Ni se le ocurra tocarme!”. María del Carmen, de 67 años, se planta con el móvil en alto mientras discute con un vigilante que intenta retirarle su carro de pertenencias en la primera planta de la T-4 del Aeropuerto de Barajas. Ella misma graba la escena. “¡Me tienen que dar una solución!”. Lo que para ella es un último refugio, para Aena ya no es opción. A partir de esta noche, 24 de julio, las personas sin hogar no podrán permanecer en las instalaciones del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Punto final.
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